¡Hola viajer@s!
Después de un tiempo sin nuevos post, este verano aprovechando un tema laboral, nos hemos escapado unos días a una ciudad que nunca decepciona: París. Era la primera vez que la visitábamos con nuestro pequeño de 5 años, así que queríamos combinar los grandes imprescindibles con un viaje tranquilo, sin prisas y dejando tiempo para simplemente pasear y disfrutar de la ciudad.
París tiene esa magia que hace que, por muchas veces que la visites, siempre descubras un rincón nuevo. Sus calles, las terrazas, los edificios, los jardines… todo invita a caminar sin mirar el reloj.
En este post os contamos cómo organizamos nuestros 4 días en París, qué hicimos finalmente, los restaurantes que probamos y algunos pequeños cambios que fuimos haciendo sobre la marcha. Viajar con un niño de 5 años también significa adaptarse a su ritmo y, además, durante esos días hizo muchísimo calor en París, así que preferimos modificar algunos planes para disfrutar del viaje con más calma. Porque, al final, creemos que un itinerario está para servirte a ti, y no al revés. ¡Y muchas veces esos cambios improvisados acaban convirtiéndose en algunos de los mejores recuerdos del viaje!
Antes de empezar… algunos datos de nuestro viaje
📅 Fechas del viaje: 27 al 30 de junio.
👨👩👦 Viajamos: 2 adultos y un niño de 5 años.
✈️ Aeropuerto: Orly.
🏨 Hotel: Niepce Paris Hotel, Curio Collection (en el distrito XIV, no es muy céntrico pero bien comunicado con el metro)
🚇 Cómo nos movimos: principalmente en metro, aunque utilizamos algún uber para ahorrar tiempo y caminar menos con el peque en plenas horas de calor.
☀️ Tiempo: muchísimo calor, por lo que adaptamos varias visitas.
Nuestro itinerario de 4 días en París
Día 1 – Llegada, Montparnasse y primeras impresiones
Nuestro vuelo llegó por la mañana y, después de dejar las maletas en el hotel, decidimos empezar el viaje con calma descubriendo el barrio donde nos alojábamos: Montparnasse.
Una de las primeras sorpresas fue la Rue Daguerre, una calle llena de comercios de barrio, panaderías, queserías, floristerías y pequeñas terrazas. Nos encantó empezar el viaje aquí porque fue una forma muy diferente de conocer un París más auténtico y menos turístico.

Después nos desplazamos hasta Galeries Lafayette, uno de los grandes clásicos de la ciudad. Aprovechamos para comer en una de las marisquerías del centro comercial antes de recorrer las tiendas y admirar la espectacular cúpula del edificio.
Nuestra intención era visitar la Ópera Garnier, pero al llegar comprobamos que ya no quedaban entradas disponibles. Decidimos reorganizar el itinerario y dejar la visita para el lunes. Fue el primer cambio del viaje… y al final resultó ser una decisión acertada. La visitamos el tercer día, por la mañana, y nos ayudó a resguardarnos del calor sofocante de la ola de calor.
Para terminar el día disfrutamos de un paseo en barco por el Sena, una de nuestras actividades favoritas cada vez que visitamos París.
Las entradas las habíamos reservado online unos días antes para asegurarnos la hora que mejor encajaba con nuestro itinerario. Elegimos Bateaux Mouches porque ofrecía una muy buena relación calidad-precio y sus barcos disponen tanto de una zona cubierta como de otra al aire libre. Nosotros disfrutamos gran parte del recorrido desde la cubierta superior, contemplando algunos de los monumentos más emblemáticos de París mientras escuchábamos las explicaciones en español sobre los edificios que iban apareciendo a ambos lados del río.
Fue una forma perfecta de terminar nuestro primer día en la ciudad.
💡 Consejo viajero
Si tenéis pensado hacer el crucero por el Sena, os recomendamos reservar las entradas con antelación, especialmente si viajáis en temporada alta o queréis un horario concreto.
Día 2 – Montmartre, Notre-Dame y una de las mejores cenas del viaje
Nuestro segundo día en París comenzó temprano poniendo rumbo a Montmartre. Como parte de la línea de metro estaba cerrada durante la mañana, decidimos pedir un Uber. La experiencia fue muy buena: funcionó perfectamente, el coche llegó en pocos minutos y nos pareció una opción muy cómoda para movernos por la ciudad, especialmente viajando con un niño.
Nada más llegar comenzamos a recorrer las calles de uno de los barrios con más encanto de París. Aunque hace diez años ya habíamos visitado la Basílica del Sacré-Cœur, en esta ocasión preferimos no entrar y dedicar el tiempo a pasear tranquilamente por Montmartre.
Aun así, si es vuestra primera visita a la ciudad, creemos que merece mucho la pena conocer su interior.
Seguimos caminando hasta la famosa Place du Tertre, conocida como la plaza de los pintores. Siempre resulta curioso ver a los artistas trabajando en directo mientras realizan retratos y caricaturas a los visitantes. Es uno de esos lugares donde apetece detenerse un rato simplemente para disfrutar del ambiente.


Muy cerca de allí aprovechamos para hacer algunas de nuestras fotos favoritas del viaje en La Maison Rose, una de las fachadas más fotografiadas de París. Aunque suele haber bastante gente, con un poco de paciencia se pueden conseguir imágenes preciosas.


Desde Montmartre nos dirigimos hacia la Sainte-Chapelle, una visita que teníamos reservada desde casa. Siempre recomendamos comprar las entradas con antelación para evitar colas y asegurarse el acceso, especialmente en temporada alta. Sus impresionantes vidrieras siguen siendo uno de los interiores más espectaculares de París y es una visita que nunca decepciona.

Al salir nos acercamos hasta Notre-Dame, que volvimos a contemplar desde el exterior. Después de su restauración impresiona verla de nuevo luciendo todo su esplendor y pasear por los alrededores sigue siendo uno de esos planes imprescindibles en cualquier viaje a París.

Como el calor empezaba a apretar bastante y viajábamos con un niño de 5 años, decidimos hacer una pausa y regresar al hotel para descansar un rato. Fue una de esas decisiones improvisadas que hicieron que el resto del día lo disfrutáramos mucho más.
Ya por la tarde nos dirigimos hasta Trocadéro, donde volvimos a quedarnos sin palabras frente a la Torre Eiffel. Aunque la habíamos visto el día anterior desde el Sena, contemplarla desde esta perspectiva sigue siendo uno de esos momentos que nunca cansan. Aprovechamos para hacer muchas fotos antes de dirigirnos al restaurante.

La guinda del día fue la cena en Girafe, un restaurante al que teníamos muchísimas ganas de ir y que superó nuestras expectativas. Cenar con la Torre Eiffel justo enfrente es una experiencia difícil de describir y, sin duda, uno de esos recuerdos que permanecerán para siempre. No es un restaurante barato, evidentemente pero la experiencia fue única. Muchas personas como nosotros querían vivir la experiencia. La comida estuvo muy bien y el servicio también. ¿Lo recomendamos? Sí! pero ten en cuenta que barato no te va a salir.
Después de cenar caminamos hasta la Avenue de Camoëns, uno de los rincones más bonitos para fotografiar la Torre Eiffel iluminada. Mucho más tranquila que otros miradores y con una perspectiva espectacular, fue el broche perfecto para uno de nuestros días favoritos del viaje.
Día 3 – Ópera Garnier, jardines parisinos y una noche inolvidable en la Torre Eiffel
Nuestro tercer día comenzó con una de las visitas que habíamos tenido que reprogramar: la Ópera Garnier.
Habíamos intentado visitarla el primer día, pero ya no quedaban entradas disponibles, así que finalmente conseguimos acceder el lunes. Aunque había muchísima gente —por lo que pudimos comprobar, es algo bastante habitual—, creemos que sigue siendo una visita totalmente recomendable. Su impresionante escalinata, los elegantes salones y el espectacular techo de la sala principal hacen que merezca la pena, incluso compartiendo el recorrido con muchos otros visitantes.

Al salir nos dirigimos hasta el Museo del Louvre. En nuestro primer viaje a París, hace ya diez años, sí visitamos el museo por dentro, por lo que en esta ocasión decidimos disfrutar únicamente de su exterior. Viajando con un niño de 5 años preferimos adaptar el itinerario y reservar ese tiempo para planes que pudiera disfrutar más.

Desde allí caminamos hasta los Jardines de las Tullerías, uno de nuestros rincones favoritos de la ciudad. Paseamos sin prisa entre sus caminos hasta llegar al estanque central, donde es habitual ver a niños jugando con pequeños veleros de madera mientras los hacen navegar con la ayuda de unas varillas. Alrededor del lago encontramos las icónicas sillas verdes parisinas, perfectas para sentarse un rato, descansar y simplemente disfrutar del ambiente. A veces, estos momentos tranquilos son los que más se recuerdan de un viaje.
Después de la comida regresamos al hotel para descansar unas horas y escapar del calor de las primeras horas de la tarde. Ese pequeño descanso nos permitió afrontar el resto del día con mucha más energía.
Ya por la tarde volvimos a salir para cenar temprano, al más puro estilo francés, en una crepería del barrio de Montparnasse. Nos apetecía una cena sencilla antes de uno de los momentos más esperados del viaje.
Con las entradas reservadas con antelación, nos dirigimos hacia la Torre Eiffel. Nuestro acceso estaba previsto para última hora de la tarde, una elección que volveríamos a repetir sin dudarlo. Subimos cuando todavía era de día y, poco a poco, mientras recorríamos los distintos niveles, el cielo fue cambiando de color hasta que París quedó completamente iluminada.
Contemplar la ciudad desde la cima al anochecer fue una experiencia difícil de describir. Las vistas eran espectaculares y, después de varios días de muchísimo calor, allí arriba por fin soplaba una agradable brisa que hizo que la visita fuera todavía más especial.
Fue, sin duda, el broche perfecto para nuestro último gran día en París.
💡 Nuestro consejo: si podéis elegir horario, reservad una franja cercana al atardecer. De esta forma disfrutaréis de las vistas de París con luz natural y también de la ciudad iluminada al caer la noche, todo en una misma visita.
Día 4 – Último paseo antes de volver
Nuestro último día fue mucho más tranquilo. Antes de poner rumbo al aeropuerto aprovechamos para pasear por la zona de Paris Expo Porte de Versailles ya que Angel Luis se quedaba por trabajo y quisimos acompañarlo y disfrutar de las últimas horas en la ciudad juntos. Comimos por la zona y el peque y yo nos fuimos al aeropuerto. Recomendación: salid con tiempo porque el tráfico en París, como en cualquier gran ciudad es horroroso! tardamos una hora y media en llegar al aeropuerto de Orly.
Nos volvimos a casa con la sensación de que cuatro días habían dado para mucho, pero también con la certeza de que París siempre consigue dejarte con ganas de volver.
Sabemos que muchos de vosotros aprovecháis el viaje a París para ir a Disneyland París. Nosotros fuimos el año pasado, así que no descartamos hacer un post del parque porque fue muy chulo volverlo a visitar con un peque.
