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Itinerario familiar de 3 Días en Nápoles

Nápoles es una ciudad un poco caótica y ruidosa pero su encanto justamente es eso, una ciudad llena de vida. Y precisamente ahí reside gran parte de su encanto. Cuando pensamos en Nápoles, lo primero que nos viene a la cabeza es la pizza. Pero os aseguramos que esta ciudad es muchísimo más que eso.

¿Merece la pena visitar Nápoles con niños?

Nuestra respuesta es un rotundo ! y creemos que la ciudad te ofrece muchísimos atractivos para viajar en familia.

  • ✔️ Se recorre perfectamente caminando.
  • ✔️ La gastronomía encanta tanto a pequeños como a mayores.
  • ✔️ Tiene infinidad de plazas donde descansar.
  • ✔️ Combina historia, cultura, arte y rincones muy curiosos.
  • ✔️ Y además es la puerta de entrada perfecta para visitar Pompeya o la Costa Amalfitana.

Eso sí, hay que ir con mentalidad abierta. Caótica, ruidosa, auténtica, con una personalidad arrolladora y una historia que se respira en cada rincón. Nápoles se aleja de las ciudades vecinas como Roma, Venecia o Florencia, no intenta gustar a todo el mundo… y quizá por eso, te acabará enamorando.

Nosotros la visitamos durante 3 días en familia, una escapada con amigos y niños y fue un acierto de destino. También aprovechamos por descubrir Pompeya, un lugar perfecto para retroceder en el tiempo.

En este artículo os contamos nuestro itinerario completo pero os dejamos otros complementarios como los imprescindibles y dónde comer.

Si estáis preparando vuestro viaje, ¡esperamos que esta guía os resulte tan útil como lo fue para nosotros!

Nuestro itinerario de 3 días por Nápoles

Si solo disponéis de tres días para descubrir Nápoles, os proponemos una ruta muy equilibrada que combina historia, gastronomía, y, por supuesto, una escapada imprescindible a Pompeya.

Nosotros intentamos organizar el viaje por zonas para evitar desplazamientos innecesarios y poder disfrutar de la ciudad sin prisas. El último día lo destinamos a Pompeya que con un mañana y teniendo en cuenta que era un día lectivo supusimos que estaría más tranquilo que un día de fin de semana.

Día 1 | Descubriendo el corazón de Nápoles

Nada más dejar las maletas en el hotel nos lanzamos a recorrer el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y qué mejor forma de empezar que en el Duomo de Nápoles, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Construida entre los años 1299 y 1314, la Catedral Metropolitana de Santa María de la Asunción, conocida como Duomo, es el principal edificio religioso de Nápoles además de un hito artístico, cultural e histórico de la ciudad.

El elemento más peculiar de la catedral son las cápsulas en las que se guarda la sangre de San Genaro, conocida por cambiar de estado sólido a líquido durante algunas celebraciones.

Desde allí nuestra intención era visitar la Nápoles Subterránea, una visita fascinante pero que finalmente no pudo ser ya que nos recomendaron los guías del lugar que iba a ser complicado de hacer con los niños tan pequeños. Éramos tres familias y nos dijeron que visitar las catacumbas sería una hora y media aproximadamente, y pedían que los niños estuvieran en silencio durante todas las explicaciones, algo que vimos prácticamente imposible. De manera que reestructuramos la mañana y seguimos por Via San Gregorio Armeno, famosa calle por sus talleres artesanales de belenes, donde es imposible no detenerse a mirar los escaparates. Aunque viajéis fuera de Navidad, merece muchísimo la pena y siempre te puedes comprar una figurita para tu pesebre.

Después llegó uno de nuestros momentos favoritos: recorrer Spaccanapoli, la calle que literalmente divide el casco antiguo en dos. Aquí la mejor recomendación es olvidarse del tiempo y visitarla con tranquilidad. Nuestro hotel estaba cerca así que pasamos varias veces por esta calle que no para de tener movimiento. Entrad en alguna de las diferentes iglesias que se encuentran en la calle, echad un vistazo a las pequeñas tiendas, parad a tomar un espresso o disfrutad de una auténtica pizza napolitana. En Nápoles, muchas veces lo mejor sucede cuando uno deja de seguir un mapa. Como ya os hemos comentado el centro es un poco caótico y más un día entre semana, motos, furgonetas que entran a descargar… había algún momento de sufrimiento al principio yendo con los niños pero luego ya te acostumbras y lo vives con una cierta naturalidad. Nos llamó mucho la atención que la gente que iba en moto por el centro no llevaban casco.

Paramos a comer en un restaurante de una cadena italiana, muy recomendable. En el post sobre «dónde comer en Nápoles» os lo explicamos.

Por la tarde continuamos la ruta visitando la Basílica de Santo Domingo Mayor, que si por fuera no impresiona nada, el interior es digno de ver. Tiene un impresionante fresco que recubre el techo de la sala. Esta zona es el lugar de descanso de 45 miembros de la nobleza aragonesa, entre los que se encuentra Isabel de Aragón. Continuamos visitando la espectacular Iglesia del Gesù Nuovo, cuya fachada no deja indiferente a nadie. Es una de las iglesias más importantes de la ciudad, y alberga una de las mayores colecciones de pintura y escultura barroca. A primera vista, la Iglesia del Gesù Nuovo parece más un palacio o una fortaleza que un templo. Su inconfundible fachada, cubierta por piedras en forma de punta de diamante, pertenecía en realidad al antiguo Palacio Sanseverino, construido en el siglo XV. Cuando el edificio pasó a manos de los jesuitas, fue transformado en iglesia, conservando ese espectacular exterior que hoy la convierte en uno de los edificios más singulares de Nápoles. Pero el verdadero contraste llega al cruzar sus puertas: el interior es una auténtica explosión del barroco italiano, con impresionantes frescos, mármoles de colores y una decoración que deja sin palabras. La entrada es gratuita, por lo que merece muchísimo la pena hacer una parada para descubrir uno de los templos más sorprendentes de la ciudad.

Día 2 | Mar, miradores y el alma napolitana

El segundo día empezamos con la visita del precioso Claustro de Santa Clara, que nos quedó pendiente el día anterior. Después del bullicio de las calles, este rincón transmite una tranquilidad difícil de encontrar en el centro de la ciudad. Construido en el siglo XIV y reformado en estilo barroco en el XVIII, destaca por sus bancos y columnas revestidos de coloridos azulejos de mayólica, decorados con escenas campestres, flores y paisajes que crean un ambiente único. Pasear entre sus jardines, rodeados de limoneros y naranjos, supone un agradable descanso del bullicio napolitano. Si visitas la ciudad, merece la pena dedicar unos minutos a este rincón lleno de historia, arte y serenidad.

Paseamos por el Lungomare, el paseo marítimo de Nápoles. Con el Vesubio de fondo y el mar acompañándonos durante todo el recorrido, fue uno de los paseos más agradables del viaje. Si viajáis con niños, la zona del Castel dell’Ovo es perfecta para descansar un rato mientras ellos corretean.

Una vez abrimos apetito nos dirigimos al restaurante que nos había recomendado el dueño de la tienda de corbatas y que muy amablemente había llamado al restaurante para reservarnos una mesa. Son estos detalles de las personas que hacen que los viajes sean únicos y los recuerdes siempre.

Después de comer nos acercamos al Castel Nuovo, una de las fortalezas más reconocibles de Nápoles, antes de pasear por la elegante Galería Umberto I. ¡¡No te olvides de levantar la vista para admirar su enorme cúpula de cristal!!

A pocos pasos se encuentra la impresionante Plaza del Plebiscito, de más de 25.000 metros cuadrados en los se reúnen algunos de los edificios históricos más representativos de la ciudad, como la Basílica de San Francisco de Paula y el Palacio Real. Es una de esas plazas que invitan a detenerse unos minutos simplemente para contemplar el ambiente.

Más tarde regresamos hacia el centro recorriendo Via Toledo, que es una calle peatonal que conecta la Piazza Dante con la Piazza Trieste e Trento. Aprovechamos para visitar la famosa estación de metro Toledo, considerada una de las más bonitas del mundo. Es verdad que nos gustó pero no nos impresionó tanto como las fotos que habíamos visto por internet. Aun así, una foto, si o sí, te la tienes que hacer 😉

La siguiente parada fueron los Quartieri Spagnoli, probablemente el barrio con más personalidad de toda la ciudad. Sus calles estrechas, la ropa tendida entre los edificios, el sonido constante de las motos y, por supuesto, el famoso mural de Maradona, hacen que sea uno de esos lugares que se recuerdan mucho tiempo después del viaje.

Nuestra idea para ese día era acabar subiendo en funicular hasta el Castel Sant’Elmo pero finalmente nos alargamos en el resto de visitas y no pudo ser. A veces disfrutar y pararte a mirar los detalles hacen que todo no sea posible pero esa es parte de la gracia de viajar: improvisar, descubrir, disfrutar… Desde allí se puede disfrutar de las vistas espectaculares sobre Nápoles, el golfo y el Vesubio. Si podéis coincidir con el atardecer, mucho mejor.

Día 3 | Un viaje al pasado en Pompeya

El último día lo reservamos para una excursión que llevábamos tiempo esperando: Pompeya.

Nuestro consejo es no intentar verlo todo. El recinto arqueológico es enorme y merece la pena recorrerlo con calma, os llevará más o menos una mañana o tarde ver y hacerse una idea del lugar. Nosotros dedicamos varias horas a pasear por el Foro, las antiguas termas, el anfiteatro y algunas de las viviendas mejor conservadas, imaginando cómo era la vida cotidiana antes de la erupción del Vesubio que cambió la historia para siempre. Resulta impresionante pensar que, bajo las capas de ceniza, la ciudad quedó prácticamente congelada en el tiempo durante casi dos mil años.

Después de comer en un restaurante cercano a la entrada de Pompeya, regresamos a Nápoles para poner el broche final al viaje con una visita muy especial: la Capilla Sansevero, donde se encuentra el impresionante Cristo Velado. Es una de las obras de arte más espectaculares que hemos visto y, sin duda, una visita que recomendamos reservar con antelación. También tener en cuenta que no se pueden hacer fotos dentro de la capilla.

Antes de dirigirnos al aeropuerto todavía tuvimos tiempo para dar un último paseo por la ciudad y despedirnos de Nápoles como más nos gusta hacerlo siempre: caminando sin rumbo fijo, disfrutando del ambiente y prometiéndonos volver algún día.

Porque hay ciudades que simplemente se visitan… y otras, como Nápoles, se viven.

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